OREO.  Sólo el decir esta palabra, hace que se dibuje una sonrisa en mi cara y tenga viejos recuerdos de infancia, cuando por primera vez conocí a esta linda galletita.

Recuerdo que mis padres habían llegado de hacer compras, y trajeron consigo imanes para refrigeradora.  Me encantaba ver la refrigeradora adornada con muchos de ellos y para mí no había mayor diversión que colocarlos o cambiarlos de posición.   Aquel día, me cercioré que estos imanes tenían forma de galletitas y uno de ellos me llamó la atención: era una galleta doble de chocolate con una crema blanca entre ellas.  Sólo verla placía comerla y sólo pude decir: “yo quiero que esto exista”.  De hecho, esta galletita existía desde 1923 en Estados Unidos y desde entonces ha sido ícono durante muchas generaciones.  Semanas más tarde, recuerdo que estando en la casa de mis vecinos, uno de ellos fue a la cocina, sacó un paquete azul y me brindó una.  Era la primera vez que comía una galleta OREO y me atrevo a decir que su ingreso al Ecuador fue por el año 1984 junto con las Konitos, Ritz, Edición Especial y Choco Chips (ahora Chips Ajoy!), todas éstas, galletas de la ya desaparecida Nabisco.

Y comenzamos la adicción…

Si.  No voy a negar que me gustan las OREOS y que soy adicto a ellas.  Quizás es la galleta que más significado tiene en mi vida.  No por ello voy a decir que es la única que como, o la que siempre pido. Mas bien, la como pocas veces para disfrutarla más porque son momentos especiales los que me hace recordar.  Y no sé porqué, cada día OREO me sorprende más, tomando en cuenta toda la construcción de producto y marca que hay detrás de ella.

¿Te han enseñado a comer una galleta?

Es un poco usual que alguien te enseñe a comer una galleta, pues si le preguntas a una persona: “¿Oye, me enseñas a comer una galleta?” Lo más probable es que te quede mirando como bicho raro o a lo mucho dirá: “Si claro.  Abres la boca, masticas y listo”.  Punto final.  No hay vuelta que darle al asunto.  Una galleta es fácil de comer, pero una OREO es distinta.  Analicemos un poco el tema:

  1. La metes en un vaso con leche
  2. La destapas, y la tapa que no tiene la crema, sirve como “tractor” para recoger la crema de la otra tapa. (siempre bromeaba que los niños hacen esto para que las seis galletas del paquete, se transformen en doce y se duplique la experiencia).
  3. Normalmente tienes que compartir una cuando estás con alguien.  Es rara la persona que no la acepta.
  4. La haces trocitos y la metes en helado….
  5. O la pones en tortas.

Si crees que nadie te ha enseñado a comer una galleta, mira el video a continuación y te darás cuenta a lo que me refiero.

¡Nabisco siempre nos enseñó cómo comer una Oreo! (ahora lo hace Kraft), y no nos dábamos cuenta… Y lo mejor de todo, es que lo ha hecho a nivel mundial.

De la Generación X a la actualidad

Si bien es cierto, el mercado actual a nivel nacional e internacional está saturado de productos y marcas, OREO ha sido diferente en su construcción de marca.

En sus inicios, esta galleta dirigió mucho de sus esfuerzos al mercado infantil.  Los niños eran su target y prácticamente al decir Oreo decíamos niños.  Tal como viste en los comerciales anteriores, los niños eran el centro de atención de Oreo y entre niños hablábamos el mismo idioma que mezclaba chocolate y vainilla.

Pero luego esto cambio. Su concepto se centró en dirigir esfuerzos para ubicar momentos  especiales o divertidos donde se agregó un mercado juvenil y luego un mercado adulto, convirtiendo a los padres, como protagonistas maestros o aprendices del arte de comer una galleta.

El Producto que no aburre

A parte del uso y del mercado, ahora Kraft se ha centrado en brindar nuevos atributos en el producto haciendo cambios en la galleta: ahora podemos apreciar galletas de colores navideños, con cambios de sabores, de chocolate puro.  Oreo sigue innovando en sus productos y caemos en cuenta que realiza esfuerzos para seguir ampliando su mercado y no dejar que los niños actuales sean consumidores tradicionales sino que quiere llegar a esa curiosidad propia de cada infante.

Una Lovemarks, de eso estoy seguro

De que ésta es una Lovemark, nadie lo duda.  Sólo hay que buscar en Internet los dos records Guinness que posee para saber cuánta gente ama a Oreo (aunque ya uno de ellos haya sido superado).  Cuando empecé a averiguar de cómo ha ido evolucionando su marca y los niveles que ha alcanzado realmente me sorprende.  No es muy común que un producto llegué a realizar lo que Oreo ha hecho y no solo me refiero al récord per se, sino a la innovación  para buscar y alcanzar esos méritos.

La pirámide de atributos de marca ha alcanzado el último nivel y ya su concepto se ha transformado a algo más que tener una personalidad diferenciadora: ahora la marca tiene amor:  enfocado a papá, enfocado a mamá, enfocado a amigos, a familia.

Te invito a comer una OREO y a que cuentes algún recuerdo.  Escribiendo este artículo, entiendo lo que ha hecho OREO en mi vida: a crear recuerdos y momentos.